Sobre la democracia directa
Alfredo Torrado
Los filósofos, al menos desde Platón y Aristóteles, han pretendido transformar el mundo de diversas maneras, con mayor o menor éxito (Platón intentó, sin éxito, convencer de sus ideas políticas a Dionisio, tirano de Siracusa; Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno). Nuestro mundo, el liberal, fue concebido por una serie de filósofos con nombre y apellido: Montesquieu, Lockke, Rousseau, Kant, Smith, Stuart Mill, Sieyes, Constant... son algunos de ellos.
Las luchas obreras meramente económicas no bastan para transformar el sistema, como se ha visto (y como ya advirtió el marxismo). Pero tampoco las luchas obreras más radicales, como el propio marxismo, han tenido éxito. El mayor problema del marxismo fue la dificultad para su comprensión. Incluso el Manifiesto Comunista, que es un logro divulgativo, resulta un difícil intento de hacer política mediante categorías económicas e históricas propias. No digamos El Capital... Finalmente, el marxismo está hoy casi tan estigmatizado como el nazismo.
Por otro lado, lo que queda de la "izquierda", al margen de partidos y sindicatos "democráticos", es una serie de individuos y de pequeñas organizaciones con ideas más o menos socialistas, comunistas y anarquistas. Sus prácticas consisten en la crítica del sistema y el apoyo a las pequeñas resistencias. Todo esto es necesario, pero no suficiente. El problema es, como se dice vulgarmente, la falta de alternativas concretas al sistema.
Sin embargo, el discurso ofrecido en este libro tiene sentido, puesto que hay un punto sobre el que aún, se puede hacer palanca: la democracia. A nuestros políticos oligarcas se les llena la boca con la palabra "democracia" y se autodenominan "demócratas". Démosles democracia...
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